Cuentan que en un blanco pueblo del Aljarafe sevillano vivíó en tiempos un hombre llamado Julio. No era mal hombre y aún tenía principios; pero es lo que él decía: " Para no gastarlos, convenía limitar su empleo", y en las limitaciones llegaba hasta lo infinito. Desde la mañana comenzaba a abstenerse de toda clase de trabajo y no hacía el más pequeño movimiento. Se alegraba de conocer a fondo la manera de pecar de los humanos y como sus escrúpulos encontraban siempre materia punible en cualquier acto, de tanto abstenerse llegó a la inmovilidad total. A veces sintió la necesidad de trabajar cuando joven, ¡aún se acordaba y le daban escalofríos!, se dió una vuelta por la plaza del pueblo para ver si enfrentaba su futuro con valentía, pero siempre vió que para hacer cualquier trabajo había de alguna manera que engañar a alguien, y como sus escrúpulos de conciencia no se lo permitían, ya que era un buen creyente, se volvió a su casa y se recostó en su cama, bendiciendo a Dios, por haberle quitado de su cabeza tan malos pensamientos. Así que recogió los restos de su atrofiada energía y sacó ánimos suficientes para resistir a tan absurdo impulso. Y es que Julio, era temeroso de Dios, de alma simple y pecata y en cualquier hecho insólito encontraba una adversidad de la voluntad divina. Por lo demás eran tan largo de cuerpo que sus pies se salían de la cama que usaba para sus pensamientos, siempre tendido mirando al raso. Su barriga fue creciendo al par que su estatura, cuando mayor fué el mozo más alto y el más famoso holgazán de todo el pueblo. ¿ Es que estaba en sus manos luchar contra los designios de la Providencia?. Si Dios le había dotado de tan descomunal estatura y era inútil oponerse, aquella su tendencia a la inmovilidad que había nacido con él, debía ser igualmente respetada, y así permanecía sentado en su sillón o tendido sobre la colchoneta de su cama. Ninguna de las dos posturas le disgustaba, le parecía muy en orden y de acuerdo con el famoso dicho popular: "Mas vale estar sentado que de pie, mejor tendido que sentado, mejor muerto que tendido ". Y esta era la filosofía que propugnaba. Sus padres ante la inactividad del hijo, le buscaron una buena esposa y el casamiento se celebró sin que Julio moviese un dedo para arreglar algún documento ni que levantase sus posaderas del asiento de un rico taburete en la iglesia, pues aplicó su máxima y se dijo "mejor sentado que de pie". Pero el organismo humano no entiende de filosofías y al cabo de cierto tiempo, como a la esposa se le acababa la paciencia de esperar, para ver si se esforzaba en mover su anatomía para cumplir con el deber marital, sintió la llamada del amor en plena noche y requirió a su esposo para que apagara la sed que la abrasaba, pero esto significaría un movimiento nuevo para el esposo y no cumplió como debía cumplir, así que ella se sintió defraudada y con más necesidades que al principio y como las faltas hay que cubrirlas, ante la pasividad del esposo se trajo a su lecho a un amigo de Julio de muy buen ver y que la safisfacía en toda plenitud, y observándolos Julio desde su puesto privilegiado en el sillón le daba gracias a Dios por haberle dispensado de este nuevo esfuerzo. El organismo de Julio, al cabo de cierto tiempo, como se le incrustaba al asiento en su parte trasera al estar sentado y le resultaba una mortificación inaguantable, temeroso de Dios y alma simple, dedujo que aquello era un aviso del cielo y ya en adelante siempre estuvo tendido. Después de todo, la voz del pueblo es la voz de Dios, y si el refrán anunciado establecía aquellos grados de superoridad, de Dios debía emanar, sólo El es sabedor, y había que resignarse dejando crecer la pereza y esta crecíale como la marea ganando la costa y su hacienda menguaba como la playa desaparece bajo las aguas que suben, ya que cada cierto tiempo su esposa tenía un nuevo hijo, sin que Julio hubiese hecho nada por traerlos al mundo pues confiaba en la fuerza de su amigo. Pero ante esta inactividad llegó el día en que ya no pudo sostener su casa y no tenía nadie que le ganara el sustento y se lo llevara a la boca, otras muchas tenía para para alimentar y por fin se agotaron todos los recursos y las buenas maneras de su esposa, la cual tuvo que prescindir del amigo de su marido y padre de toda la prole. Entonces recordó la última parte de su proverbio favorito, aquella que le costaba más trabajo aceptar:" mejor se está muerto que tendido". Se resignó e hizo llamar a su esposa y amistades para rogarles que le enterrasen, porque el no se encontraba con ganas de mover ni un sólo dedo. Lágrimas, reconvenciones, nada hizo mella en la decisión de Julio de forma que esposa y amigos acabaron por colocarle en un coche y organizaron el cortejo fúnebre. Camino del cementerio enderezaba sus pasos la comitiva cuando al desembocar de una calleja un respetable señor, se dió de manos a boca con el cortejo y como notara que se movía el presunto cadáver, acercóse y tocó los pies que pendían por la excesiva estatura de Julio. El muerto-vivo sintió cosquillas y encogió las piernas, y allí fué el asombro y las exclamaciones del buen hombre al ver infrigir la ley de Dios, enterrando a un vivo. En vano trataron de convencerle; él a todo contestaba que no pasaría por semejante locura y dirigiéndose, por fin, a Julio, le dijo: -Levántate, hombre, que si por falta de cariño rehuyes vivir, yo te daré amparo. -Señor mio, carezco de mantenimiento y de energía para ganarlo, incluso mis hijos deben su procedencia a otro. -Yo te daré comida en abundancia. -Pero ¿ Quien la traerá a mi alcance ?. -Te la enviaré hasta tu casa. -¿ Y quién me la llevará a la boca ?.. -No digas más, tu tienes razón, ¡ estás muerto ! ¡ que te entierren !
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