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La Coctelera

LAS LEYENDAS ERÓTICAS ANDALUSIES

LEYEDAS, CUENTOS, VERDADES, RELATOS CORTOS.....

8 Febrero 2008

La elegida del rey


-¡Hurí de los jardines del profeta! ¡ Aparición hermosa !...

¿ Eres el astro de la ventura y de los amores que se oculta entre los blancos rayos de la aurora?. Tú amas el silencio de la noche y los rayos de la luna que no ofenden tu tímida pupila. Pero el sol aparece ya entre velos de oro y púrpura y te alejas con la brisa del alba y tus últimos acentos se mezclan a los armoniosos suspiros que modulan entre el follaje.

-¡Jóven cantor! Tu mente divaga, yo soy la princesa Yasmîna, a quien acabas de sorprender en el harem. Reconozco tu voz por las canciones que has dejado bajo el ajimez de mi casa....pero debes temer la ira del rey. Tu cabeza peligra si te llegan a encontrar en este jardín, retiro de mi señor, dime ¿ Como has entrado ?, eso es peligroso.

-¡Por Allah! no me recuerdes peligros, cuando estoy vislumbrando a través de la celosía tu cintura cimbreante y tus brazos placenteros. Permíteme preguntarte, hija del placer, ¿ por qué abandonas tu lecho vuluptuoso antes de haber acudido el ruiseñor a la rama del árbol para despertarte con su canto ? ¿ has venido a traerme el aroma de la mañana o a escoger las nacientes flores símbolos de tu belleza ?

-Tu y tus palabras parecen brotar de un corazón apasionado, pero una ligera nube de tristeza empañan tu rostro ¿ Eres de los que ya han gustado el acíbar en la copa de la vida ?

-¡Jamás probé de esa copa!

-Pero ¿ no conservas alguna dulce memoria de tus pasados días, junto a alguna muchacha de tu pensamiento ?.

-¡Ninguna aparición será tan placentera como la que tengo delante y casi no distingo desde este jardín! y tú ¿ amas a alguien ?.

-El amor es para mi una de esas deliciosas ilusiones que se desvanecen en cuanto se tocan. Pero tú, cantor del amor y sus misteriosos placeres ¿ sientes acaso el imperio de esa pasión que pintas con expresiones tan dulces y seductoras ?.

-¿ Y eso me preguntas tú, la más bella de las huries ?. Allah me envía su inspiración para cantar los tesoros de su magnificencia y las maravillas de su mano creadora.

-Cantor, tu imaginación ardiente te entrega a la ilusión y el desvarío y crees hallarte bajo la influencia de un sueño. Y debes volver en ti y repetir en mi oído las palabras de armonía y pasión que has pronunciado en tu desvarío, para ello sube hasta el ajimez y entra en mi alcoba para que el amor anide en nuestros cuerpos y en nuestras almas.

El poeta-cantor no se hizo rogar y de un salto, sujetándose en los troncos de la buganvilla, penetró a donde se le indicaba.

-Doy gracias a Allah por haberme dado en ti al ángel de mi esperanza. Ya veo brillar tus negros ojos a la luz de las primeras luces del alba, pero aparta por un instante, las sedas que envuelven tus dulces formas y déjame acariciar tus cálidos senos envueltos en el perfume del jazmín. Déjame beber del fuego del amor que relumbran tus ojos, que tímidos se esconden tras la espesas pestañas, como los luceros de la oscuridad de la noche.

-Te miro a mis pies, jóven cantor...¡Oh! !que impresión tan profunda causa en mi corazón la inefable ternura con que tus miradas buscan las mías! ¡ Y que vaga expresión de tristeza reemplaza a la sonrisa de mis labios!.

-Yasmîna, tus labios aparecen húmedos y brillantes, como el clavel purpúreo que acaba de recoger las gotas del rocío. Un irresistible impulso me atrae a tu seno y tiemblo a tu lado como la leve hoja al soplo del aura. Mi alma se siente desprender del cuerpo para ir a vivir en tu corazón.

-¿ Tu me amas cantor ?

-Si, te amo como a una flor, como al sonoro murmullo de una fuente, como a la ideal imagen de mi felicidad. ¡Acaríciame con tus manos mi cintura y mi espalda y sentirás dentro de mis venas estremecerce la sangre con el fuego que en ella provocas. El mundo entero desaparece ante este sueño de felicidad.

-Yo también te amo.

Ambos cayeron con laxitud encima de los almohadones plenos de felicidad.

-¡Cantor vuelve en ti....huye....sálvate !. Escucho los pasos de los eunucos y de los jardineros sobre el pavimento de mármol de los pasillos... Si permaneces un instante más, estaremos perdidos.

Con la agilidad de los años jóvenes el cantor nocturno desapareció por el ajimez y de un salto se encaramó a la muralla desde donde lanzó un beso con la punta de los dedos de su mano a la bella Yasmîna.

*************

-¡ Buen anciano, depositario de los secretos de Allah y de los tesoros de la sabiduría !, quisiera me dieses un consejo, pues estoy en la oscuridad.

-¿ Tienes alguna pena mi joven amigo Abû-Abdallâh ?

-Toda la negrura de la noche se me ha venido encima después de que hace dos lunas conocí a una hurí del cielo que me dejó su flor entre los labios y después de aquella noche no la he vuelto a encontrar, a pesar de haber estado en el mismo sitio y a la misma hora.

-Mi joven Emir, Allah se dignará manifestarte para su gloria y el premio debido a tus virtudes y a tu laboriosidad en el camino de la salvación. ¡ Loado sea el Señor cuyo imperio es eterno y siempre glorioso !, en tu corta edad has adquirido gran caudal de conocimientos y has encontrado el arte de calmar las tumultuosas agitaciones de tu corazón ardiente con las suaves melodías de tu lira. Pero dime, excelso príncipe ¿ Cual es la hurí que así te ha perturbado ? que yo iré a visitarle y ganarla para ti. ¿ cual es el secreto que se oculta en los pliegues de tu corazón?.

-Por tus labios hablan la dulzura y la verdad del espíritu de la eternidad y de la clemencia infinita. Creo mi deber descubrirte una herida recién abierta en mi alma, y que me parece incurable. El bálsamo de tu sabiduría es consolador y poderoso, pero mi mal es demasiado grave y profundo.

-Tal vez son exagerados tus temores.

-Mi mal tiene una de aquellas causas que aunque sean conocidas, no por eso están al alcance del que pretende examinarlas o medirlas.

-Te escucho pues.

-Arrobado en dulce éxtasis, me adormecí tocando mi lira en la Mary-Al-Fidda[1], y cuando abrí mis ojos pude observar que una buganvilla trepaba por el muro del Qasr-Al-Mubàrak y sin pensarlo dos veces trepé por ella hasta saltar aun bello jardín de pequeñas proporciones a donde daba un ajimez entre el espeso follaje y que los frondosos arbustos le formaban un pabellón escamoteándolo de las miradas, allí me inspiré y los ecos de mi música atrajeron a aquel lugar a la más bella hurí del cielo que jamás mortal alguno vió, pues no podía ser de otra forma, me embriagó el perfume de las rosas que subía en espirales para embalsamar el ambiente que yo respiraba. Estando en esta situación se me mostró la aparición leve y misteriosa, que parecía envuelta entre los rayos del sol naciente y los últimos reflejos de la luna. Cambié con ella unas palabras de inefable pasión y de pronto me hallé en los brazos de mi bella hurí, que abrasaba mis ojos con el fuego de sus pupilas y que apartó sus velos de su figura para que pudiese contemplar y saciarme de su cuerpo y de su alma. Con profundo y vivo sentimiento de amor estrechaba contra el mío su mórbido seno y allí el río de mi vida se lo entregué sin pensar en nada más que no fuese amarla para la eternidad.

Cuando más deleite tenía en la complacencia y sopor de mi sueño reparador, me despertó y en unos instantes todo había desaparecido y me encontré al pie de un sombrío torreón cercado de zarzales, oyendo el agudo silbido del viento que azotaba las peladas cimas de algunas palmeras y cipreses, que se elevaban a través de los muros y torres de Al-Mubârak.

-¡Hermosa aventura has vivido! Pero ¿ No conservas algún recuerdo?

-Los sueños no tienen enlace alguno con la realidad.

-Tu alma, es una planta fecunda y generosa que con el rocío de la poesía ha florecido sobre los campos del pensamiento.

-¡Que el cielo te bendiga ! ¡ gloria eterna al poderoso Allah !, una palabra que es como un emblema de felicidad de mi alma, has despertado en mi memoria. El nombre que la dulce voz de mi hurí repitió a mi oído es Yasmîna.

-¡ Yasmîna !.. ¿ Ese era su nombre ?...¡Ah! pienso hallar, hijo mío, una verdad entre tantas confusiones; creo adivinar el misterio que un impenetrable velo ocultaba. Más siempre es peligroso tocar la realidad. Yasmîna, es el nombre una preciosa doncella, hija de uno de los más poderosos príncipes del Africa, prometida esposa de nuestro rey, y el palacio cuyos jardines has visitado es el particular, en donde ella aguarda, mientras se hacen los preparativos para celebrar la boda con la magnificencia digna de nuestro muy excelso monarca, el día de unión tan feliz.

-¡Una de las muchas huríes destinada al placer del rey !... No, no puede ser la bella de mis sueños, no es de la tierra aquella celestial hermosura de su rostro, ni las beldades de cuantos países he visitado, han podido como ella dominar mi espíritu y cautivar mi corazón. Esa hurí pertenece al paraíso del Profeta; es una de las doncellas inmortales que mezclan sus voces armoniosas en los celestes conciertos y los cánticos que entona el ángel.

-¡ Tu la amas y por lo tanto debes renunciar a la dulce esperanza de volverla a ver !.

-No. Es mayor el peligro que lo que tu imaginas, sabio imám, mi anhelo es juntarme con ella en el paraíso para siempre.

-La crees una hurí de las mansiones de la eterna dicha...La barrera de la muerte te separa pues de ella. Más eres jóven y debes vivir.

-La vida daría por ella.

-De todos modos la arriesgas... Pero si sabes ser prudente, tal vez tu valor y la ventura de tu destino te deparen la felicidad que anhelas, antes que la mano irresistible del ángel de la muerte te arrebate a las moradas eternas de la otra vida ¿ Me prometes bajo inviolable y sagrado juramento observar la mayor cautela y discreción para no comprometer tu cabeza y la mía ?.

-¡Por Allah que lee en los corazones y por su Profeta!.

-Descansa entonces y reflexiona mientras dispongo los medios para que la vuelvas a ver. El afecto que me inspiras me fuerza a cometer un gran yerro; pero es preciso, ¡Allah sea sobre todo!.

**********

Bajo las galerías soportadas por las columnas de piedra, sombreadas por los laureles y naranjos, que prestaban la frescura a las fuentes de alabastro, la princesa Yasmîna, paseaba silenciosamente en una tarde primavera, tarde de paz y concor de la Isbiliya Islámica.

Absorta en profunda meditación, su mirada, que no se fijaba en nada de cuanto la rodeaba, parecía concentrase en su interior, para contemplar alguna imagen errante de su fantasía y sus manos se osaban a veces en el corazón, cuyos violentos latidos se manifestaban en las ondulaciones de su seno, aún a través del oro, sedas y perlas que forman su adorno. De vez en cuando aquellas miradas, melancólicas, se dirigían a uno de los arcos que daban entrada a aquel recinto, sostenido por dobles columnas de prodigiosa esbeltez y sutileza y desde donde arrancaba una bóveda y galería de verde follaje que comunicaba con los jardines de Al-Mubàrak.

La perfumada brisa de la tarde parecía traerle noticias de su amado, pero no llegaba el momento esperado, a pesar de su impaciencia.

En uno de sus paseos, observó como las ramas de un jazmín se movían lentamente y la mano esperada y amada se abrió paso por entre la hojarasca.

En unos instantes el esperado amante de sus anhelos estaba junto a ella, confundiéndose ambos en un abrazo interminable, después se retiraron a un lugar apartado y a cubierto de la vista de todos los que pudiesen pasar, allá en una pequeña rotonda, cubierta de rosales, naranjos y jazmines, donde el perfume se confundía con los aromas de la bella Yasmîna.

-Dime, ¿ qué lazos te unen a esta tierra ? porque la hurí de mis sueños, no puede ser la esposa destinada a brindar sus placeres al soberano que compra su amor y paga sus caricias al precio de favores y bienes terrenales. ¡ Huyamos juntos !.

-Joven cantor: cuando mi corazón te ama ¿ temes que prefiera las caricias de mi señor a las del hombre que quiero más que a mi vida ? ¿ A qué pensar mas que en nuestra dicha, en la dicha que en este instante disfrutamos y que mañana tal vez nos negará la suerte?.

-Tú eres una mujer de corazón ardiente y harto sensible a las emociones del amor, y cedes a tus impetuosas pasiones. Para tí la vida es el día de hoy, y mañana darás al olvido. Pero mi cariño es eterno y digno de todo un objeto celeste e inmortal, cuya belleza nunca pueda contemplar marchita en mis brazos, y cuyo amor sea un manantial inagotable de ternura y amorosas delicias. ¡ Por Allah ! dime ¿ quien eres ?.

-Me llenas de confusión y me haces temblar y sobresaltarme. Yo soy la princesa Yasmîna, hija del ilustre varón que rige el emirato de Sus y debo celebrar mi enlace con el rey. ¿ Pero amándote con tantos riesgos, tu ingratitud no estima mi sacrificio? Aunque con peligro de mi vida ¡ no puedo decidirme a huir contigo a algún lejano país donde el amor nos haga felices!.

-No, Yasmîna, el fuego de tus pasiones es una llama fugaz que pronto se apaga y desaparece. El ensueño ideal de mi imaginación no está sujeto a esas debilidades y miserias ¡Allah te guarde!.

Y diciendo esto, el príncipe Abû-Abdallâh, como asaltado por un repentino vértigo, desató sus brazos de la voluptuosa cintura de Yasmîna y con la vista extraviada y arrebatado el paso se alejó de allí, desapareciendo por la bóveda de los laureles.

El golpe que dió a Yasmîna fué mortal.

La ingenua y apasionada africana le había estrechado en sus brazos con toda la franqueza y efusión de su carácter y de su amor, y al abandonarla el jóven emir, sintió vacilar la tierra bajo sus pies. Pero sostenida por las fuerzas de la fiebre y herida en lo más vivo de su amor y de su orgullo, reprimió las lágrimas dentro de sus ojos, que lanzaron una luz siniestra. Apoyando el rostro sobre las manos en el borde de un estanque inmediato, cuyas orillas adornaban boj y arrayanes, sus miradas se dirigieron maquinalmente al fondo de la cristalina corriente donde se retrataba su bellísimo semblante. De repente levantándose exclamó:

-¿ No soy lo bastante hermosa para merecer el afecto del hombre que he amado y a quien por efecto de esa pasión insensata he elevado hasta mi, princesa y futura esposa del rey?. Tal vez mi venganza le haga arrepentir de su yerro.

Sintiéronse pasos en derredor y apareció la figura majestuosa del rey de Isbiliya.

Al observar la presencia de Yasmîna, pareció animarse su energía y varonil fisonomía y acercándose, con voz apasionada le dijo:

-Hermosa Yasmîna, el día de nuestro unión se aproxima. Tu serás mi reina favorita y los príncipes de nuestro tálamo se sentaran en mi trono. En este lugar de delicias goza y disfruta a placer de tu libertad en tanto que llegue la hora de elevarte al honor y felicidad que tu mereces. Mas ven un instante conmigo y te haré ver el lujo que he ordenado desplegar en las moradas que han de encantar nuestros amores.

Yasmîna, le dirigió una mirada de benevolencia y una sonrisa asomó a sus labios y el rey quedó prendado de su belleza y de la dulce expresión de sus ojos seductores.

*********

La gracia del rey se había extendido sobre la princesa Yasmîna y su corazón generoso le había concedido su predilección.

El rey de Isbiliya se durmió bajo las alas de la paloma de la hermosura y doblegó su altiva cabeza bajo el yugo del amor.

Fiestas, zambras[2], regalos, todo cuanto pudiese halagarla, empleó además el rey toda la ternura de su corazón. Las gracias reunidas de todas las mujeres de su harem, no tenían el encanto para él que una sola sonrisa de Yasmîna. Pero la herida recién abierta en el corazón de la hermosa doncella, no había podido cerrarse tan pronto, y el despecho y el orgullo era el motivo por el que aceptaba todos aquellos ofrecimientos. Ella hubiese querido ver al jóven príncipe, a quien sin embargo no conocía sino por un mero cantor, rendido y humillado a sus pies, pero con el corazón rebosante aún de amor y besarle las manos de la que en su ingratitud había antes despreciado.

La conducta del príncipe le pareció un tanto extraña al sabio y anciano imám, que llegó a pensar que el jóven era preso de algún delirio.

El aguijón de los celos le había herido el alma, y aun cuando no se lo quisiera confesar a si propio, no podía menos que sentir que la jóven beldad concediese sus favores al rey y esto llevó a la prueba evidente que le amaba todavía. Pero el amor es de tal naturaleza que en su egoísmo se ofende a la menor muestra de interés que a otro objeto se dirija por el que amamos.

Pero Yasmîna por más que lo procuraba no podía ser ya indiferente a los recuerdos del abrazo y a la cintura ardiente de Abû, a aquel calor de su cuerpo fuerte y musculoso y a la fuerza de aquellos muslos de columnas de jaspe.

Abû-Abdallâh, arrastrado a pesar suyo por el amor y deseando estar cerca de Yasmîna, ya que después de lo pasado no osase llegar hasta ella, solía pasear solitario al pie de los torreones que rodeaban Al-Mubàrak. Desde allí, a través de los almenados muros, buscaban con los ojos el alminar del palacio, templetas, mezquitas y demás edificios encerrados en aquel delicioso recinto y que descollando sobre los floridos vergeles, semejaban las blancas velas de mil navíos sobre un mar de verdor.

Cierto día más abatido que de costumbre Abû, contemplase aquel pintoresco paisaje, recostado sobre la verde alfombra de la Mary-Al-Fidda, el alfaquí se acercó al príncipe y con la punta de su báculo le hizo volver de su distracción.

-Tu edad no es la del reposo y el descanso: es la obrar y preparar el porvenir. Los yerros de la primera edad de la vida, no por ser menos meditados son de menor peligro. Sé el dolor que padeces, y sé tambien que mis reflexiones y consejos son inútiles para convencer un entendimiento que no alumbra la razón. Además, tu corazón no se puede medir por el de los demás hombres; tu alma 172

privilegiada y poética te aparta de ellos y vives en el mundo que te ha creado tu noble inteligencia. No debo reconvenirte, no debo ahogar los gérmenes de sublime inspiración que brotan de tu mente. ¿ Qué valen los consejos, qué el desengaño anticipado con anunciarle, para un corazón jóven e inocente, que solo ambiciona gozar la felicidad y pureza de sus primeros días: días cuya serenidad debe acaso terminar prontamente o reflejarse después como un inefable y delicioso recuerdo sobre el porvenir.

-Mi corazón ya no disfruta de esa calma y esa serenidad.

-Escúchame, pues: vengo a traerte una importante nueva. No te es desconocido que el rey, a quien Allah confirió el poder y la dominación de su pueblo, se ha apartado de sus santos caminos y se ha entregado a lúbricos placeres, en apariencia al menos consume a los pies de su favorita las horas en que debía velar por la salvación de sus dominios. Un poderoso ejército de los cristianos han invadido las fronteras de nuestro país, han hecho cautivas mujeres y niños, quemando las mieses y talando nuestros campos, como el viento abrasado que sale de la boca de Allah. La espada del Islam, se desprende de las manos de este monarca corrompido y a quien Allah niega en castigo de sus deseos su sublime protección. Sé tú el apoyo de Isbiliya y el fiel defensor de la ley de Allah y su Profeta y podrás pedirle cualquier cosa incluida a su favorita.

-Si...necesito hacer algo.... y en arroyos de sangre infiel apagaré acaso la fiebre que me devora. Dispón lo que quieras, buen alfaquí, todo me es indiferente y quiero aguardar el porvenir sin preveerlo.

-Bien- entonces espera, voy a hablar al rey.

Permaneció el príncipe después que se retiró el imán, absorto y confundido en el caos de un millón de ideas que cruzaban en su mente y sin que le arrancara de su meditación el murmullo que iba creciendo sucesivamente hasta convertirse en espantoso tumulto, causado por el inmenso gentío del pueblo que se iban agrupando con ademanes hostiles en las puertas del palacio del rey. Mirábase brillar bajo los albornoces, almaizares y alquiceles las relucientes hojas de los alfanges, las cimitarras y los jacos y algunos ya se sacaban, ya ocultaban los afilados puñales en las mangas de sus aljubas. Tambien se veían judíos que iban repartiendo monedas de oro entre los grupos del populacho, del cual salían luego mil estentóreas voces que gritaba.

-¡Caigan las cabezas de los traidores y enemigos del Korán!

-¡Mueran todos los que hacen alianza con infieles!.

-¡Allah los condena a su execración y a nuestra venganza!

Entonces apareció el viejo imám acompañado de algunos wazires, emires, xeques y otros caballeros de la corte del rey y escoltado por una corte de eunucos y negros armados. Llamó junto a sí al joven emir Abû-Abdallâh y dirigiéndose al pueblo con severo ademán, le hablo así:

el rey clemente y magnánimo, se halla impedido por el grave estado de su salud para mandar y dirigir el ejército. En su lugar desea compartir la gloria y el honor del combate con vosotros y a vuestro frente, el hijo del príncipe de los fieles nuestro hermano en el oriente, el excelso descendiente de la estirpe de Mohammed , el emir Abû-Abdallâh, príncipe generoso y león fuerte,delicia de los hombres que gozan su presencia y a quien Allah entrega la espada del Islam para que en su mano vencedora se tiña con la sangre de los infieles. La mano liberal del Señor derrama sobre él y en todos sus hijos de salvación los tesoros de la misericordia.

Muchos fueron los murmullos de aprobación y prolongados vivas resonaron al terminar el anciano alfaquí su arenga. Y él y Abû fueron llevados en triunfo hasta las afuera de la ciudad donde escuadrones lucidos y bien ordenados de musulmanes solo aguardaban la llegada de su caudillo para marchar a la guerra. Luego que el Emir Abû-Abdallâh partió con su hueste, el imán dijo a los wicires y cortesanos que le acompañaban:

-Venid a la casa de la oración para implorar la ayuda de Allah en favor de nuestros hermanos, que van a verter la sangre por su fe. Allí se eleva el mihrad, donde a la voz del muedzin acudirá la corte del rey a invocar al poderoso.

************

En un extremo de Al-Mubàrak, una sombra se desliza entre los cipreses y palmeras, en cuyo ramaje penetran con dificultad los rayos del sol naciente, al mismo tiempo que estos iluminan el rostro blanco y sereno de un venerable anciano, que asoma entre las columnas del templete, donde ha asistido a la salá. Es el imán, que acude a aquel santuario para suplicar a Allah que le conceda el don de la victoria al príncipe Abûd, a quien le ha sido confiada la espada del Islam y el mando del ejército de los creyentes.

El imám se dirigió hacia una sombra que se movía entre los cipreses.

-Flor de la mañana: no es la sombra de los cipreses la que debe cobijar tu naciente hermosura.

La princesa Yasmîna, pues era ella, se hallaba tan profundamente distraída en aquel momento, que solo el murmullo de las palabras del imám llegó a su oído.

-¿Quién sigue mis pasos? preguntó en un tono de voz entre altivo e impaciente.

-Quien te ha visto suspirar y afligirte durante la ausencia del que debía ser el encanto de tu vida y quien puede ofrecerte los consuelos de la misericordia de Allah.

-Perdona, ¡oh buen anciano!, nunca creí ofenderte, mas puesto que sabes o adivinas mi dolor, no creo que puedan caber en tí la indiscreción o la imprudencia. Yo padezco...¡no preguntes el por qué !.

-¡Por Allah que es sabio en todas las cosas ! yo respeto tu dolor y tus secretos y te suplico me perdones si mi presencia ha acrecentado tu pesar.

-Nada tengo que perdonarte, alfaquí. Busco la soledad porque en ella puedo dar rienda suelta al llanto que oprime mis ojos.

-¡Allah acbar![3], exclamó el imám- ¡el calmará tus angustias!.

-Bendigo tus saludables consejos y los reclamo para mi tristeza. Tu sabiduría es cual de Allah, muy grande.

-No blasfemes, hija mía.

Y como Yasmîna callase, cubierto su semblante de rubor y tristeza, el imán continuó:

-Y sin embargo los pesares que marchitan las flores de una juventud tan pura, no pueden ser otros que los primeros y misteriosos impulsos del amor. Si tu tristeza cuenta con el origen que imagino y me revelas todo tu secreto, yo te juro por la verdad de Allah, que respetaré tus amorosos misterios y los ocultaré en mi corazón como en un sepulcro.

-Y yo me fío de tu lealtad. Pero quiero que sepas que son desventuras de amor las que afligen mi existencia. Mas ignoro hasta el nombre de quien me ha inspirado ese cariño. el traje con que se presentó a mi vista era el humilde de un peregrino, pero su gallardía y su corazón me han revelado un hijo de sangre del mismísimo Profeta.

-Y no te ha engañado tu instinto de mujer. Es un emir y su nombre que ignoras es el de Abû-Abdallâh. Reúne las prendas más sublimes del ingenio, la fortaleza del león y la altiva majestad del águila. nacido bajo el ardiente sol de Asia y de la estirpe de los ilustres califas, su alma noble y su brazo generoso le han conducido a buscar aventuras y empresas aquí en Isbiliya.

-Así mereció mi amor desde el principio y el corazón no me engañó al concebir por él tan violenta pasión.

-Es que su alma ardiente le había transportado a las regiones de la fantasía. Después reconocido su error mas desesperado de verte entregada al amor del rey, ha corrido a buscar la muerte en la guerra.

Los ojos de Yasmîna lanzaron un rayo de amor, pero luego se eclipsaron como si pasara sobre ellos una nube repentina de dolory con acento de inexplicable angustia preguntó al imám.

-¿Y ha llegado quizás esa hora funesta que tu esperabas para anunciarme su afecto?.

-No, hija mía.

Al oír estas palabras la princesa pasó de las tinieblas a la luz.

-¡Ah! ¡ si aún vive, si aún vive!- dijo al imám con ardor- si vive cuando le halles le dices que si miré por un momento al rey fué para que deseé darle celos al ingrato que tanto me ama, pero que no confió en mi, pero dile que el rey aún no me ha hecho su esposa. ¡ Nunca seré la esposa del rey ! ¡ antes muerta!.

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26 Enero 2008

¡EL BELLO ES ESTAR TENDIDO!


Cuentan que en un blanco pueblo del Aljarafe sevillano vivíó en tiempos un hombre llamado Julio.

No era mal hombre y aún tenía principios; pero es lo que él decía: " Para no gastarlos, convenía limitar su empleo", y en las limitaciones llegaba hasta lo infinito.

Desde la mañana comenzaba a abstenerse de toda clase de trabajo y no hacía el más pequeño movimiento. Se alegraba de conocer a fondo la manera de pecar de los humanos y como sus escrúpulos encontraban siempre materia punible en cualquier acto, de tanto abstenerse llegó a la inmovilidad total.

A veces sintió la necesidad de trabajar cuando joven, ¡aún se acordaba y le daban escalofríos!, se dió una vuelta por la plaza del pueblo para ver si enfrentaba su futuro con valentía, pero siempre vió que para hacer cualquier trabajo había de alguna manera que engañar a alguien, y como sus escrúpulos de conciencia no se lo permitían, ya que era un buen creyente, se volvió a su casa y se recostó en su cama, bendiciendo a Dios, por haberle quitado de su cabeza tan malos pensamientos. Así que recogió los restos de su atrofiada energía y sacó ánimos suficientes para resistir a tan absurdo impulso. Y es que Julio, era temeroso de Dios, de alma simple y pecata y en cualquier hecho insólito encontraba una adversidad de la voluntad divina.

Por lo demás eran tan largo de cuerpo que sus pies se salían de la cama que usaba para sus pensamientos, siempre tendido mirando al raso. Su barriga fue creciendo al par que su estatura, cuando mayor fué el mozo más alto y el más famoso holgazán de todo el pueblo.

¿ Es que estaba en sus manos luchar contra los designios de la Providencia?.

Si Dios le había dotado de tan descomunal estatura y era inútil oponerse, aquella su tendencia a la inmovilidad que había nacido con él, debía ser igualmente respetada, y así permanecía sentado en su sillón o tendido sobre la colchoneta de su cama.

Ninguna de las dos posturas le disgustaba, le parecía muy en orden y de acuerdo con el famoso dicho popular: "Mas vale estar sentado que de pie, mejor tendido que sentado, mejor muerto que tendido ". Y esta era la filosofía que propugnaba.

Sus padres ante la inactividad del hijo, le buscaron una buena esposa y el casamiento se celebró sin que Julio moviese un dedo para arreglar algún documento ni que levantase sus posaderas del asiento de un rico taburete en la iglesia, pues aplicó su máxima y se dijo "mejor sentado que de pie".

Pero el organismo humano no entiende de filosofías y al cabo de cierto tiempo, como a la esposa se le acababa la paciencia de esperar, para ver si se esforzaba en mover su anatomía para cumplir con el deber marital, sintió la llamada del amor en plena noche y requirió a su esposo para que apagara la sed que la abrasaba, pero esto significaría un movimiento nuevo para el esposo y no cumplió como debía cumplir, así que ella se sintió defraudada y con más necesidades que al principio y como las faltas hay que cubrirlas, ante la pasividad del esposo se trajo a su lecho a un amigo de Julio de muy buen ver y que la safisfacía en toda plenitud, y observándolos Julio desde su puesto privilegiado en el sillón le daba gracias a Dios por haberle dispensado de este nuevo esfuerzo.

El organismo de Julio, al cabo de cierto tiempo, como se le incrustaba al asiento en su parte trasera al estar sentado y le resultaba una mortificación inaguantable, temeroso de Dios y alma simple, dedujo que aquello era un aviso del cielo y ya en adelante siempre estuvo tendido.

Después de todo, la voz del pueblo es la voz de Dios, y si el refrán anunciado establecía aquellos grados de superoridad, de Dios debía emanar, sólo El es sabedor, y había que resignarse dejando crecer la pereza y esta crecíale como la marea ganando la costa y su hacienda menguaba como la playa desaparece bajo las aguas que suben, ya que cada cierto tiempo su esposa tenía un nuevo hijo, sin que Julio hubiese hecho nada por traerlos al mundo pues confiaba en la fuerza de su amigo.

Pero ante esta inactividad llegó el día en que ya no pudo sostener su casa y no tenía nadie que le ganara el sustento y se lo llevara a la boca, otras muchas tenía para para alimentar y por fin se agotaron todos los recursos y las buenas maneras de su esposa, la cual tuvo que prescindir del amigo de su marido y padre de toda la prole.

Entonces recordó la última parte de su proverbio favorito, aquella que le costaba más trabajo aceptar:" mejor se está muerto que tendido".

Se resignó e hizo llamar a su esposa y amistades para rogarles que le enterrasen, porque el no se encontraba con ganas de mover ni un sólo dedo.

Lágrimas, reconvenciones, nada hizo mella en la decisión de Julio de forma que esposa y amigos acabaron por colocarle en un coche y organizaron el cortejo fúnebre.

Camino del cementerio enderezaba sus pasos la comitiva cuando al desembocar de una calleja un respetable señor, se dió de manos a boca con el cortejo y como notara que se movía el presunto cadáver, acercóse y tocó los pies que pendían por la excesiva estatura de Julio. El muerto-vivo sintió cosquillas y encogió las piernas, y allí fué el asombro y las exclamaciones del buen hombre al ver infrigir la ley de Dios, enterrando a un vivo. En vano trataron de convencerle; él a todo contestaba que no pasaría por semejante locura y dirigiéndose, por fin, a Julio, le dijo:

-Levántate, hombre, que si por falta de cariño rehuyes vivir, yo te daré amparo.

-Señor mio, carezco de mantenimiento y de energía para ganarlo, incluso mis hijos deben su procedencia a otro.

-Yo te daré comida en abundancia.

-Pero ¿ Quien la traerá a mi alcance ?.

-Te la enviaré hasta tu casa.

-¿ Y quién me la llevará a la boca ?..

-No digas más, tu tienes razón, ¡ estás muerto ! ¡ que te entierren !


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20 Enero 2008

ALCAZABA DE ALMERIA

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LAS LEYENDAS ERÓTICAS ANDALUSIES

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Vamos a publicar algunas leyendas o historias escuchadas aquí y allá y colocaremos algunas fotos en el blog para deleite de los visitantes. Andalucía y Sevilla, junto a Córdoba, Granada, Jaen, Malaga, Almería, Huelva y Cádiz, tienen muchas leyendas e historias...aquí vamos procurar traerlas todas......... las que podamos.
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